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Historia

Los ríos siempre cuentan una historia. A veces hablan de la geografía. Otras, de la economía de una región. Pero también pueden narrar los errores de una sociedad.
 

Hace casi dos décadas, el arquitecto argentino Eduardo Saldivia descubrió que la verdadera dimensión del urbanismo no estaba en los planos de una ciudad, sino en el agua que recorría su territorio. Su experiencia junto al gobierno local de la ciudad de San Martín y el gobierno de la Provincia de Buenos Aires sobre la cuenca del río Reconquista, una de las más contaminadas de Argentina, lo enfrentó a un problema que iba mucho más allá de la arquitectura.
 

Las industrias descargaban efluentes sobre el río. Miles de familias habitaban asentamientos precarios en zonas naturalmente inundables. Cada lluvia intensa volvía a demostrar que el agua siempre encuentra el camino que la ciudad intenta negarle.
 

Mientras tanto, otro río ocupaba diariamente los titulares de los diarios argentinos. La histórica causa judicial por el saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo derivó, en 2008, en un fallo de la Corte Suprema de Justicia que obligó al Estado a implementar un plan integral de recuperación ambiental y consolidó el rol de ACUMAR como autoridad de cuenca. El mensaje era contundente: los problemas ambientales ya no podían abordarse únicamente como cuestiones de infraestructura; exigían gobernanza, planificación territorial y una mirada de largo plazo.
 

Para Saldivia, aquella experiencia significó un cambio de paradigma.
 

"Comprendí que las ciudades no pueden diseñarse de espaldas a la naturaleza."
 

Esa conclusión hoy encuentra un amplio respaldo científico. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) sostiene que el aumento de eventos extremos, combinado con décadas de urbanización acelerada y ocupación de áreas inundables, incrementa significativamente el riesgo para millones de personas. Del mismo modo, ONU-Hábitat advierte que el crecimiento urbano desordenado es uno de los principales factores que agravan las pérdidas económicas y humanas asociadas a inundaciones.
 

Durante años, muchas ciudades respondieron al agua intentando ocultarla: canalizar arroyos, entubarlos y cubrirlos con calles o avenidas. Sin embargo, la ingeniería y la planificación urbana contemporáneas avanzan en dirección opuesta. Experiencias exitosas en ciudades como Seúl, Medellín, Madrid o Portland demuestran que recuperar cursos de agua, restaurar planicies de inundación y desarrollar parques lineales permite disminuir riesgos, mejorar la biodiversidad urbana, reducir el efecto de isla de calor y generar espacios públicos de mayor calidad.
 

Aquellas lecciones aprendidas en la cuenca del Reconquista terminarían definiendo toda una carrera profesional.
 

Arquitecto de formación, Saldivia orientó progresivamente su trabajo hacia la planificación territorial, la resiliencia climática, la conservación de los ecosistemas y la economía ambiental. Esa búsqueda lo llevó posteriormente a desempeñarse en la Provincia de Misiones, donde hoy dirige la planificación e implementación territorial del Plan Provincial de Respuesta al Cambio Climático, promoviendo políticas que integran conservación de la biodiversidad, desarrollo productivo y planificación urbana.
 

Pero el conocimiento técnico no le parecía suficiente. Existía otra brecha: la distancia entre la ciencia y quienes debían tomar decisiones.
 

Así nació Climate Urban LAB.

Más que una consultora, el laboratorio fue concebido como un puente entre la investigación científica y la gestión pública. Su objetivo es traducir décadas de evidencia acumulada en proyectos concretos para gobiernos, empresas y organizaciones que buscan adaptarse al cambio climático y reducir sus emisiones.
 

La filosofía del laboratorio parte de una idea sencilla: los problemas urbanos son sistemas complejos y no admiten soluciones aisladas. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la movilidad, la vivienda, la energía, la infraestructura y la economía forman parte del mismo entramado.
 

La propia ciencia respalda esa visión. Informes recientes del IPCC y de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) coinciden en que las respuestas más eficaces surgen cuando las políticas climáticas, ambientales y urbanas se diseñan de manera integrada.
 

Quizás por eso, al mirar hacia atrás, resulta evidente que la historia nunca comenzó en una oficina ni en un estudio de arquitectura.

Comenzó a la orilla de un río.
 

Allí donde la contaminación reveló las consecuencias de décadas de decisiones equivocadas. Allí donde las inundaciones recordaban que la naturaleza siempre conserva la memoria del territorio. Y allí donde un arquitecto comprendió que el desafío ya no consistía en construir más ciudades, sino en aprender a construirlas con la naturaleza, y no contra ella.

© 2026 Climate Urban Lab

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